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El posporno es un movimiento artístico que nace a medidados de los 80s en Estados Unidos y tiene como objeto revolucionar el concepto de la pornografía a través de lecturas feministas.

La periodista argentina Laura Milano, autora del libro Usina Posporno, explica el posporno de esta manera: “Basta una película porno para encontrar aquellos recursos que una y otra vez se repiten en todas las otras películas del género: el sexo es penetración, eyaculación, orgasmo. Siempre el mismo relato con el mismo ‘happy ending’. Esta fórmula responde a la concepción de la sexualidad heteronormativa (donde lo ´normal´ es lo hetero) y coitocentrada (donde el sexo es el coito y los genitales son la única zona erógena del cuerpo). Frente a esto, la pospornografía propone una completa deconstrucción de género: las dicotomías de masculinidad/femineidad, varón/mujer, penetrador/penetrado, activo/pasivo son asumidas como construcciones o tecnologías; es decir como posibilidades y no como esencias”.

El término posporno surge con el fotógrafo erótico Wink van Kempen y la artista estadounidense y ex-trabajadora sexual Annie Sprinkles. Como término, fue propulsado inicialmente por Annie Sprinkles, y por la teórica francesa Marie-Hélène Bourcier como una decisión de posicionamiento político en contradicción con el movimiento porNO de Andrea Dworkin de los años 60 y 70.

El posporno nació entonces como una respuesta al porno tradicional y con la intención de generar un espacio donde se pueda producir otro tipo de pornografía, tanto desde una “mirada feminista y subversiva”, como la define Milano en un catálogo sobre una muestra que se realizó en 2012, sino también la posibilidad de que sea “autogestiva”.