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Adam Przeworski y Michael Wallerstein
El capitalismo democrático en la encrucijada

La ideología de la actual ofensiva de la derecha es anti estatista, basada
en la racionalidad del mercado y la moneda como variable autónoma.
Fue Keynes quien transformo a la macroeconomía de un estado de ánimo
en una teoría. Su legado perdurable fue que el terreno ideológico ha sido
conquistado por la teoría económica técnica.
Los principios centrales de Keynes habían sido anticipados por Marx.
La teoría de Marx aportó un análisis útil en tres planos: el capitalismo se basa
en la explotación, la propiedad privada de los medios de producción es el
origen de la injusticia y de la irracionalidad del capitalismo, la caída de la tasa
de ganancia es la causa de la crisis.
Las teorías económicas son racionalizaciones de intereses políticos de clases y
grupos en conflicto. Un proyecto político involucra también un modelo político y
social.
Fue el keynesianismo el que brindó los fundamentos ideológicos y políticos
para el compromiso del capitalismo democrático.
El problema de los 30 fue el de los recursos ociosos. Fue un momento de
irracionalidad del sistema. El desempleo fue el principal problema político de
la sociedad. La izquierda adoptó el modo de entender la economía capitalista
provisto por la economía keynesiana.
El keynesianismo permitió fundar el compromiso de clase al brindar a los
partidos políticos que representaban a los trabajadores una justificación para
ejercer el gobierno en sociedades capitalistas.
El primer gobierno socialista del mundo lo formó la socialdemocracia
en Suecia en 1920. No fueron capaces de llevar a cabo el programa de
nacionalización. Se comportaban igual que los demás partidos, con cierto
sesgo redistribucionista a favor de su propio electorado.
El pleno empleo se convirtió en una meta realista que podía perseguirse en
todo momento.
Para el keynesianismo la causa del desempleo era la insuficiencia de
demanda. No todas las posiciones keynesianas no coinciden. La política sueca
de 1932 era exclusivamente una política de empleo.
El compromiso keynesiano consistió en un programa dual: pleno empleo e
igualdad, es decir regulación de empleo a través de regulación de la demanda
El Estado se presentaba entonces como proveedor de servicios sociales y
regulador del mercado. Combinó el uso del incentivo y la disuasión.
El compromiso se sostuvo mientras pudo brindar empleo y seguridad material.

Se extendieron los servicios sociales y reinó la paz social. Hasta fines de los
años sesenta el keynesianismo fue la ideología oficial del compromiso de clase.
La crisis del keynesianismo es una crisis del capitalismo democrático.
La economía keynesiana es una economía de la demanda, a corto plazo. El
problema para las políticas keynesianas es siempre como cerrar la brecha
entre producción efectiva y producción potencial, cualquiera sea ésta.
El producto potencial es el techo para el producto real.
El terreno de la oferta es el reino de la burguesía, ella es hegemónica. La
ganancia es la condición para lograr el crecimiento. El ahorro es el motor de
acumulación.
Tanto los alemanes como los suecos llevaron adelante programas exitosos que
consistían en el control público sobre la inversión, la eliminación de industrias
ineficientes, políticas de recursos humanos destinadas a reducir el desempleo
estructural y expansión del sistema de previsión social.
La tasa de acumulación es la razón entre la variación en el stock de capital y
stock total de capital.
El principio central de la nueva economía es que la redistribución del ingreso
a favor de los beneficios es un costo necesario que la sociedad debe soporta
para obtener una tasa más alta de inversión y crecimiento económico.
El sistema impositivo es utilizado como instrumento para estimular la inversión.
Recompensa la riqueza no la inversión. Los costos de acumulación la terminan
pagando los asalariados y los desempleados o los dueños del capital.
El sistema de tributación se usa para premiar la inversión y desalentar el
consumo de ingresos provenientes de los beneficios. Libera inversiones.
Debe complementarse con programas de reciclaje de mano de obra y subsidios
a la movilidad laboral al estilo sueco.
Resulta una ironía que desde los años 30 la principal preocupación de la
izquierda fue el pleno empleo. El pleno empleo debe dejar de ser un fetiche.
Las desiciones de inversión tienen un impacto que es a la vez general y de
largo alcance, por ser público. El control sobre la inversión es la cuestión
central para el capitalismo, precisamente porque ninguna otra desición
privada tiene un impacto público tan profundo. Lo que distingue al
capitalismo es que la inversión se financia sobre todo a través de los
beneficios, la parte del producto de que se priva a los trabajadores.
De los beneficios depende la renovación y la ampliación de capital. En
el capitalismo la presencia de los beneficios es una condición para la
mejora de las condiciones materiales de cualquier grupo social.
El programa de la derecha es dejar que el mercado determine el tipo y la
cantidad de inversión.
La burguesía nunca completo su revolución.
La combinación de la propiedad privada de los medios de producción y el
sufragio universal es un compromiso y este compromiso implica que la lógica
de la acumulación no es exclusivamente la lógica de los actores privados.